Chihuahua, una raza pequeña con un antiguo rastro genético de coyote

Un estudio publicado en Nature Communications identificó fragmentos de ADN de este animal en perros chihuahua. Los investigadores plantean que podrían proceder de cruces con caninos indígenas ocurridos en México antes de la llegada de los europeos.

Aunque su tamaño cabe en una bolsa y su apariencia suele inspirar ternura, los perros chihuahua podrían conservar una herencia genética relacionada con uno de los animales silvestres más conocidos de América del Norte: el coyote.

Una investigación de la Universidad de Stanford encontró señales de ADN de coyote en el genoma de esta raza. El descubrimiento apunta a que, hace cientos de años, perros originarios del continente americano pudieron cruzarse con coyotes, posiblemente mediante prácticas de crianza intencionales.

El hallazgo surgió mientras los científicos probaban un nuevo algoritmo informático para estudiar la ascendencia genética de distintas especies con mayor precisión. Durante el análisis identificaron que los chihuahuas conservan fragmentos genéticos que no aparecen habitualmente en otras razas de perros.

Su historia se relaciona con el techichi, un pequeño canino de compañía domesticado por la civilización tolteca hacia finales del primer milenio y que actualmente está extinto. Alexander Ioannidis, genetista de Stanford y participante en el estudio, explicó que los chihuahuas actuales conservan aproximadamente 4 por ciento de ascendencia procedente de aquellos perros anteriores a la llegada de los europeos.

Dentro de ese legado se encontraron segmentos todavía más pequeños asociados con los coyotes. De acuerdo con el especialista, su reducido tamaño indica que la mezcla genética ocurrió hace mucho tiempo, pues el ADN se recombina y fragmenta de manera aleatoria a lo largo de las generaciones.

Adam Boyko, genetista canino de la Universidad de Cornell y fundador de la empresa Embark, dedicada a realizar pruebas genéticas para perros, señaló que ya existían indicios de cruces precolombinos entre perros y coyotes. Sin embargo, destacó que esta investigación permitió identificar con mayor precisión los segmentos compartidos en perros modernos del continente americano.

Una conexión que podría remontarse al México precolombino

Los investigadores también encontraron fragmentos genéticos similares en el perro crestado chino, lo que apunta a un parentesco evolutivo entre ambas razas.

Ioannidis considera que esos rastros podrían proceder de antiguos encuentros entre perros indígenas y coyotes en territorio mexicano. Las poblaciones involucradas habrían contribuido posteriormente al desarrollo de distintas razas modernas.

Para comprobar esta hipótesis será necesario analizar más genomas de chihuahuas y construir una base de datos más amplia con información genética de coyotes de diferentes regiones de América del Norte.

El especialista subrayó que los perros domésticos tienen un origen evolutivo vinculado con los lobos del Viejo Mundo, mientras que los coyotes pertenecen a una rama distinta. Por ello, los fragmentos identificados en los chihuahuas corresponden a una señal genética diferenciada.

Los registros históricos también ofrecen pistas sobre la posibilidad de que los cruces fueran deliberados. Según Ioannidis, existen referencias a prácticas de reproducción entre perros indígenas y coyotes en el México anterior a la colonización europea.

Aunque la diferencia de tamaño entre un coyote adulto y el techichi pudo representar una dificultad, el genetista explicó que el apareamiento entre caninos de dimensiones muy distintas no es biológicamente imposible.

El ADN no explica su carácter ni su tamaño

La personalidad de los chihuahuas suele caracterizarse por una actitud decidida y una conducta que, en ocasiones, parece no corresponder con su diminuta estatura. Sin embargo, los científicos advierten que no hay evidencia suficiente para atribuir esos rasgos a su herencia de coyote.

Ioannidis explicó que el ADN de este animal representa apenas una décima parte de un punto porcentual del genoma total del chihuahua, por lo que su influencia en el comportamiento probablemente sea mínima o incluso inexistente.

Su reducido tamaño también tiene otra explicación. La estatura de la raza está relacionada con una variante genética que limita el crecimiento celular, característica que los criadores humanos favorecieron durante generaciones mediante la selección de ejemplares cada vez más pequeños.

El investigador consideró que todavía es posible descubrir si los fragmentos de ADN de coyote tienen alguna función específica, pero aclaró que se necesitaría una muestra mucho mayor. El estudio actual examinó únicamente tres genomas de chihuahuas, una cantidad insuficiente para establecer conclusiones definitivas sobre sus posibles efectos.

Por su parte, Elinor Karlsson, genetista del proyecto Darwin’s Ark, dedicado a estudiar los genomas de perros de compañía, destacó que la investigación permite rastrear segmentos particulares de ADN hasta poblaciones antiguas, en lugar de limitarse a estudiar el origen general de las razas modernas.

Los rastros de una población desaparecida

Los resultados también abren nuevas preguntas sobre la desaparición de los perros indígenas después de la colonización europea, un proceso que todavía representa un enigma histórico.

Mucho antes de la llegada de los españoles, estos animales formaban parte de la vida cotidiana de numerosas comunidades americanas. Además de ser compañeros domésticos, algunos eran utilizados para transportar mercancías a través de largas distancias, en una función comparable a la de los perros de tiro de otras regiones.

Tras la colonización, aquellas poblaciones prácticamente desaparecieron, aunque parte de su legado podría permanecer en el material genético de algunas razas actuales.

Así, el chihuahua, conocido por su pequeño cuerpo y su carácter enérgico, podría conservar fragmentos de una historia genética que conecta a los antiguos perros de México con los coyotes que habitaban el continente.

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